las aventuras de chüpetina

Julio 30, 2006

vAmOS a lA pLAya

Archivado en: General — by chupetina @ 7:17 am


como papá y mamá no tenían que trabajar ya, nos fuimos a la playa con los abuelos y con humphrey. y después de un viaje muy largo en coche, llegamos al apartamento. después de deshacer las maletas y descubrir que el abuelo sólo se cambia de calzoncillos una vez a la semana porque sólo se había traído unos, decidimos bajar a la playa.

mamá dijo que la ayudara a meter cosas en la bolsa de playa mientras papá hacía la comida. así que dentro de la bolsa empezamos a meter las toallas de toda la familia, la crema para el sol, los pareos de mamá, las raquetas de playa que le dieron a la abuela en el imserso el año pasado, la pala, el rastrillo y el cubo que me acabará quitando papá, la pelota hinchable que también es pinchable, las gafas de bucear con el tubo y las aletas de mamá, unas revistas del corazón para la abuela (y para el abuelo, que las mira de reojo), el abanico para los sofocos de la abuela, los manguitos para mí… y cerca de la bolsa, para llevarse también, las esterillas para todos, la colchoneta hinchable que nadie se atreve a hinchar, las sillas de los domingos, la sombrilla, los gorros para el sol y la jaula de humphrey, porque el pobre no se iba a quedar solo en casa.

la verdad es que quedaba una torre de cosas un poco grande. pero no fuimos muy conscientes hasta que papá salió de la cocina con el gazpacho que había hecho para que lo probáramos, no vio la maleta playera en medio del salón, se tropezó con la sombrilla, y el gazpacho y él salieron disparados por encima de la colchoneta hinchable.

el abuelo, en vez de preocuparse porque el gazpacho le había caído encima de sus únicos calzoncillos o por los moratones que podía tener papá, empezó a decir que eso en sus tiempos no pasaba, que el gazpacho era sagrado y comida de pobres, y que no se hacían esos derroches de hoy en día. la abuela ni se enteró, y mamá tenía su cara de no saber qué hacer.

yo, que había visto muchos capítulos de los vigilantes de playa, pensé en lo que haría pamela anderson en un caso así. así que me puse las gafas y el tubo de bucear, no fuera que quedará algo de gazpacho por caer, y fui a ver si papá tenía pulso en el cuello. papá, en vez de agradecerme las atenciones por salvar su vida, cogió y se puso de pie de un salto, que casi me tira las gafas de bucear. luego le preguntó a mi madre, con voz gutural de malo de los power rangers, dónde pensaba ir con todo eso.

mamá dijo que se callara y le plantó delante de la cara una lista donde ponía quién iba a llevar cada cosa, para que viera que se podía ir con eso a la playa. cuando papá vio la lista y vio que le tocaba cargar con dos sillas, los pareos de mamá y con humphrey dijo que ni hablar, que no iba a llevar los pareos como si fuera un maricón (dijo esta palabra, y yo la oí, y eso que la abuela le dio una colleja para que se callara porque estaba yo delante, pero llegó tarde) y que lo que le faltaba era ir cargando todas las putas vacaciones (otro collejón de la abuela, que sigue sin reflejos) con un palomo amarillo (pobre humphrey, tanto pedigree para que papá siga sin saber que es un canario de pura cepa). al final, decidieron llevar solo lo que pudiera pasar por la puerta sin ir de lado. y, bueno, a humphrey le tocó quedarse solo en el apartamento, aunque lo dejamos en la terraza, para que hiciera migas con los gorriones del lugar.

aunque yo creo que, cuando sea mayor, me pondré directamente en la playa, sin apartamento ni nada, y así no tendré que llevar todas esas cosas de un lado para otro.

Julio 5, 2006

cOMeR dE eLEgAntEs

Archivado en: General — by chupetina @ 12:59 pm


hoy mamá dijo que hacía huelga y que no iba a cocinar. que estaba harta de estar sudando como un pollo con este calor. papá se ofreció a abanicarle mientras hacía la comida, pero mamá se empezó a reir de una manera rara y le dio una patada en la espinilla. papá le preguntó que si estaba loca, y mamá le contestó que hoy iba a dormir en el sofá como papá no nos invitara a todos a un restaurante a comer.

así que a los cinco minutos papá y yo estábamos listos. mamá tardó 55 minutos más, porque decía que para una vez que íbamos a comer fuera, los vecinos nos tenían que ver elegantes (que yo me quedé pensando si los vecinos saldrían a las dos de la tarde a la calle así, de normal).

fuimos al chic cuisine, que es el resturante fashion de la urba donde nunca sabes lo que comes, pero nos dijeron que teníamos que esperar una hora si no habíamos reservado. así que probamos en el segovia asador, que es menos chic, pero ponen carne, y nos dijeron lo mismo. después llegamos al gianno piazza, que es italiano y ponen pizzas y macarrones deformados, y nos contaron la misma historia. al final, nos vimos yendo al ching-lua, que es el restaurante chino de la esquina.

por suerte, descubrimos otro sitio mejor y al final acabó mamá con su collar de perlas de majorica, papá con su corbata que le apretaba el cuello, y yo con las sandalias que me hacían daño y el vestido con lazos de raso rosa que me apretaba en los sobacos, en casa paco, donde al menos no hay diarreas después del postre como en el chino.

no sé, pero o el camarero tenía la vejiga a punto de reventar mientras pedíamos, o estaba intentando no reirse en nuestra cara. el caso es que cuando ya estábamos comiendo mientras papá y mamá discutían tranquilamente, un niño mayor que yo vino y se me quedó mirando mientras me comía el pollo. yo cogí y le di una patata a ver qué pasaba, aprovechando que papá y mamá estaban discutiendo sobre el color floral del bajo de las cortinas de la ducha pequeña.

el niño cogió y se la comió. así que le di otra, y se la comió también. es más, empezó a comerse mi pollo con lechuga como si tal cosa. entonces yo abrí la boca con lo que estaba masticando, a ver si a él le gustaba también hacer esas guarrerías. y cuando estábamos los dos con el pelo y la ropa sepultados de patatas masticadas, vino una señora.

entonces mis padres dejaron de discutir (ya habían decidido que nos íbamos a duchar sin cortina), miraron a la señora, y luego nos miraron al niño y a mí. mi madre se puso roja como un tomate, y mi padre empezó a pedirle perdón a la señora, que ya se sabe los niños, que yo era un poco especial, y esas cosas que se dicen. la señora vio que mi plato estaba vacío, y les dijo a mis padres que ella me pagaba otro pollo con lechuga, que la culpa era suya, y todas esas cosas que se dicen también.

el caso es que empezó a decir que el niño tenía el síndrome de prader-willy, y que no podía controlar el apetito, y que no sabía que el niño estaba con nosotros, que le estaban buscando. cuando terminó de hablar, el niño ya se había comido el pan de mamá. la señora volvió a decir que lo sentía pero mamá dijo que mejor, que así le ahorraba una chicha más en las pistoleras, y que a ver si a mi padre le pasaba lo mismo. la señora regañó al niño, y el niño se quedó quietecito mirándome mientras yo me comía el resto de mi pollo con lechuga.

y yo me imaginé a mi madre con dos pistolas en bikini y a mi padre corriendo en bañador con el michelín temblando como una gelatina, mientras se disparaban entre ellos a cámara lenta por la playa.

pero un eructo de papá me volvió a la realidad. el niño se rió, yo también pero más bajito (no fuera que mamá se diera cuenta y me dejara sin ordenador) y la señora se despidió muy deprisa, cogió al niño y se fue.

no sé, pero yo no creo que pegara mucho eso de ir con ropa rara que te aprieta con lazos, con casa paco y el eructo de papá. aunque se lo debió de imaginar, porque lo primero que hizo al llegar a casa fue romper su vestido a lo hulk hogan y tirarle el collar de perlas a papá. fue entonces cuando me prometí, que de mayor, siempre llevaría sujetador debajo del vestido.

dedicado a la ASOCIACIÓN MADRILEÑA PARA EL SÍNDROME DE PRADER WILLY: http://www.amspw.org

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