las aventuras de chüpetina

Agosto 29, 2006

lA VüeLtA aL cOLe

Archivado en: General — by chupetina @ 10:33 am


hoy estoy de mal humor, y voy a decir a todo el mundo por qué. resulta que yo todavía no me sé muy bien los días de la semana, ni los años, ni los meses. sólo sé que estoy de vacaciones, y que papá y mamá también. y tampoco quería saber más hasta que fuera más mayor y mi profe me lo explicara.

pero resulta que no hace falta que la profe me lo explique, ni preguntarle a mamá, para enterarme de que se me acaban las vacaciones. cada vez que pongo la tele, hay un montón de anuncios que dicen con alegría que hay que volver al cole, y que hay que comprar un montón de cosas. ¡que lo dicen con alegría! claro, porque no son ellos los que tienen que volver al cole, que tienen un morro que se lo pisan.

es que no se dan cuenta de que así no hay quien pueda ver oliver y benji tranquila, que ya te están agobiando. ¡que vuelve el cole! y yo a mi profe la quiero mucho, pero me gustaría más verla en el parque paseando al gato, por ejemplo, sin que me mandara deberes ni nada.

además, te enseñan un montón de ropa de colores, de zapatos, de abrigo y de todo. pero no entiendo no por qué, si yo tengo que llevar un uniforme muy feo que todos los cursos y todos los días es igual de gris, menos cuando se me caen los mocos y me los tengo que limpiar en él y se vuleve un poco verde por la manga. encima es una caca, porque a los niños los tratan mejor. resulta que su uniforme son unos pantalones, y el mío un pichi con una falda tableada. así que tengo que estar con cuidado de que no se me vean las braguitas ni nada, no puedo saltar a la goma porque se me enreda, en invierno tengo frío, aunque mamá se empeñe en ponerme leotardos y, lo peor de lo peor, un niño de mi clase que de mayor quiere ser travesti, me quita el uniforme cuando ya me he vestido con el chandal para ir a gimnasia, y se lo pone él.

el caso es que a papá y a mamá les ha entrado la neura y hemos tenido que ir al centro comercial a comprarlo todo. hemos ido primero a comprarme el uniforme. y, claro, el uniforme es de paño de ese que da un montón de calor. mamá quería que me lo probara y, claro, ahí estaba yo, con un uniforme que, además, era una talla más grande, para que no me quedara pequeño tan rápido. así que parecía un soldado fantasma de la guardia escocesa del príncipe carlos de inglaterra. yo me quería morir. y encima papá, cuando me vio, me empezó a sacar un montón de fotos con el móvil, mientras decía que qué guapa estaba y verás cuando me vieran todos en el cole. muy gracioso. pero si estaba tan guapa, a ver por qué no se compraban uno mamá y él para ir a trabajar.

el alivio fue cuando vi a yanira, una niña de mi clase. a la pobre, su madre le estaba probando unos leotardos rosas con el uniforme y unos lazos a juego con ellos de ágata ruiz de la leoparda. fue la primera vez que me planteé el fundar la asociación protectora de niñ@s contra padres/madres horteras. ella hizo como que no me vio, y yo también, que hasta preferiría ser un nudista de esos, como los de la playa, a que me viera con el traje este de fantasma escocés.

luego fuimos a por los zapatos. papá quería que fuera con zapatillas de deporte, pero mamá dijo que ni hablar, que tenían que ser zapatos azul marino (¡pero quién lleva ya unos zapatos de ese color, si encima parecen negros!). así que me estuvo probando un montón de modelos, hasta que al final me compró unos con un lazo. mamá me preguntó que cuáles me gustaban más, si esos, u otros que eran de charol. yo le dije que a mí me gustaban unos negros con la punta metálica. pero no sé para qué me preguntó mamá, porque al final me acabó comprando los del lazo. y ahora parecía un fantasma escocés aspirante a miss universo. esto se estaba convirtiendo en una pesadilla.

cuando fuimos a comprar la mochila, yo vi una muy chula de south park con una de las muertes de kenny, y fui corriendo a enseñársela a papá y a mamá. pero mamá, cuando la vio, dijo que ni hablar, que me iba a comprar “esa”. y “esa” era una mochila de minnie mouse rosa con lentejuelas en forma de flor. yo me puse a berrear como si me estuvieran matando, papá dijo riéndose que me estaba convirtiendo en una macarra, y mamá dijo que lo que iba a ser era un marimacho. pero dijo que me callara ya, que estaba dando la nota (vaya noticia, jeje). así que al final llegamos a un término medio, y me compraron la mochila de bart simpson.

mamá dijo que el estuche del año pasado me valía, y que los libros ya los comprarían en el barrio. o que, incluso, los podría heredar de amandita, que es una vecina de la urba (por dios, mamá, amandita no, que luego tengo que dejar que me dé besos con esos morros de camello). así que salimos del centro comercial.

yo juré que, de mayor, montaría un colegio donde el primer día, l@s niñ@s estarían obligados a pintar su uniforme con pintura de dedos, y a recortarlo a su gusto. y los profes tendrían que llevar uniforme también y hacer lo mismo. y nos haríamos un uniforme así para cada día de la semana. y no habría que madrugar.

creo que el cole de este país necesita una reforma.

Agosto 21, 2006

mI TíA cHïchA

Archivado en: General — by chupetina @ 12:49 pm


volver a madrid es un rollo, sobre todo después de haber visto la playa, que mola mucho. así que estuve unos días llorando y dándoles la tabarra a papá y a mamá. entre eso y que yo creo que a papá y a mamá se querían quedar solitos, como en sus tiempos jóvenes de novios, mandaron a los abuelos al pueblo y a mí con mi tía chicha (que se llama luisa, pero como de pequeña conseguí quedarme agarrada durante diez minutos a un michelín suyo, todos la empezaron a llamar chicha).

lo bueno es que resulta que mi tía chicha vive en tenerife. así que fui en avión con una azafata muy maja hasta allí (aunque yo creo que le metió algo raro al biberón, porque fui durmiendo sin parar hasta que llegué). en el aeropuerto estaba mi tía chicha esperándome. aunque es bajita, es muy fácil verla aunque haya mucha gente, porque siempre va vestida de forma rara. por ejemplo, cuando fue a recogerme llevaba una camiseta de esas de señora mayor, con un collar con bolas rosas que parecían albóndigas mutantes, unas gafas de sol de cristian dios de los chinos, un pareo fucsia muy largo y unas chanclas de esas doradas con brillantes de esos de “bratz-haz- tus-joyitas”. así que parecía una medusa atómica o algo así.

pero todo eso no importa cuando voy y me abraza, porque está blandita y es como un oso de peluche gigante. además, sus besos no son babosos, como los que me dan los amigos esos de mamá y papá.

la tía chicha es muy maja, porque siempre que voy con ella me da todo lo que quiero, y comemos pizza y espaguetis y pollo. y no comemos espinacas ni bacalao y me compra un montón de helados y bollos. además, íbamos todos los días a la playa, y por la tarde me llevaba a la feria con los castillos hinchables y la noria. así que estas vacaciones molaban más todavía que las de benidorm.

pero lo más genial de todo, fue cuando estaba intentando morderle el pie a otro niño (mi amigo nuevo de la playa). el niño, que era muy rubio y hablaba raro, el pobre, empezó a señalar con el dedo el mar. y entonces pasó como en las pelis de piratas. resulta que había una barca llena de gente muy alta y muy negra, que estaba llegando a la playa. yo no sabía si eran pajes-espía del rey baltasar que pasaban inspección a todos los niños, o eran como los de madrid, que venden pelis y música en el top manta.

yo por si acaso salí corriendo a donde mi tía, que estaba ya un poco del color de los cangrejos, la desperté y la enseñé la barca que ya había varado en la playa. mi tía se puso en pie de un salto y cogió mi bocadillo de mortadela con aceitunas, las patatas fritas sabor berenjena, la botella de agua, las toallas, y me dijo que me fuera con ella. entonces unos hombres y unas mujeres con camisetas blancas y una cruz roja empezaron a ayudar a bajar a los hombres, a una mujer y a un niño de la barca. y también más gente como nosotros se acercaron a ellos. un hombre de los de la barca salió corriendo muy rápido. y los demás, se tiraron a la arena. algunos se quedaron como muertos, y otros estaban como muy cansados.

el caso es que mi tía, cogió y, sin mi permiso, le dio todo el agua a uno, ¡y hasta mi bocadillo de mortadela con aceitunas y las patatas! que yo me quedé sin saber qué hacer mientras el hombre ese se lo bebía y se lo comía todo. yo le pregunté a la tía chicha si conocía a ese señor de algo, y la tía me dijo que me callara y que le pusiera una toalla encima, que se veía que tenía frío. yo no entendía muy bien por qué, si hacía un calor que no veas, pero le hice caso a mi tía, porque nunca le había visto así de rara.

y así estuvimos con el hombre aquel hasta que se lo llevaron los de la camiseta con la cruz roja, junto con los demás. luego mi tía chicha me contó que esa gente eran personas que venían de un país muy lejos en áfrica, y que querían llegar a europa porque en su país todo el mundo pasaba mucho hambre porque no podían trabajar para ganar dinero, como hacen mamá y papá. yo le pregunté a mi tía chicha que, si venían para trabajar aquí y quedarse mucho tiempo, por qué no traían maleta.

y la tía me contestó que porque no tenían nada, así que se vienen con lo puesto. que bastante que han podido llegar a la barca, que muchos se quedan por el camino. entonces se me ocurrió que por qué no venían en un barco normal, que arrivara al puerto, o en avión, que era más rápido. y mi tía me contestó que porque no podían entrar de manera legal, porque no les dejaban. así que pagaban a unos señores que les cobraban incluso más de lo que les costaría un viaje en avión normal, por montar en esa barca supercutre y poder entrar sin que les pidieran el carné ni nada. pero que el viaje era muy largo y pasaban hambre, sed, calor y de todo, y que había que lo menos que se podía hacer era ayudarles cuando llegaran.

así que entendí por qué me había quedado sin bocadillo de mortadela, sin patatas y si agua. es más, había vivido una aventura superguay, como las de los reporteros de guerra. y cuando llegara al colegio, lo primero que iba a hacer con mi banda de bb kings sería requisarles todos los bocadillos a los niños en el recreo, llenar todas las mochilas de agua, coger todos los babis de todos los niños, y llevárselo a la profe, para que organizara una excursión a tenerife y pudiéramos ayudar todos a esas personas que vienen de lejos. la profe, que siempre me está echando la bronca, seguro que se iba a sentir muy orgullosa de mí.

Agosto 17, 2006

mÏ pADre Es mUy MAcHo

Archivado en: General — by chupetina @ 4:58 am


detrás del edificio de quince pisos en el que estaba nuestro apartamento, llegamos a la playa. mamá estaba muy contenta porque teníamos la playa al lado y no había que andar mucho ni coger el coche.

la verdad es que la playa estaba un poco vacía, que no es muy normal, porque la carretera de al lado de la playa estaba llena de coches, y había un montón de hoteles y grúas construyendo más hoteles al lado. así que debía haber mucha gente.

y cuando todos estábamos contentos porque íbamos a tener un gran trozo de playa libre para poner todo lo que habíamos llevado, la abuela pegó un grito, se quitó las gafas y se tapó los ojos con las manos. y, claro, es que la gente de esa playa no llevaba bikini ni bañador, ni nada. estaban como yo pero sin dodotis. el abuelo, como siempre, empezó a refunfuñar, y a decir que ver a las mujeres desnudas hasta era bonito, pero que ver a un montón de maromos con todo eso ahí afuera (ahí afuera, ¡donde está la verdad de expediente x! ¡el abuelo había hecho un descubrimiento y todo el mundo tan normal!) era amoral y que esas eran las cosas tan bonitas que traía la democracia. papá pasó de todo el mundo, tiró el montón de cosas que traía, se quitó el bañador y se fue al agua corriendo. mamá parecía que le había dado un flus y se había quedado petrificada mientras miraba a un tío con rastas y un tatuaje en el culo derecho.

así que yo cogí mi pala, mi rastrillo y mi cubo y me fui a la orilla del mar. el abuelo se puso a dar aire a la abuela mientras mamá iba colocando la sombrilla y el resto del “equipaje”. algo asombroso, porque era capaz de girar la cabeza y seguir mirando al de las rastas aunque estuviera de espaldas colocando las sillas.

yo también miraba a la gente, porque ver más hombres y mujeres desnudos que no eran papá ni mamá era raro. había gente gorda, flaca, fuerte, blanda, y había también hombres y mujeres como la abuela y el abuelo pero desnudos también. y se les veían todas las arrugas y todo caído y sin pelo. me intenté imaginar al abuelo y a la abuela igual, pero no pude, me quedé en los pelos canosos y rizados con la cadena de oro con la cruz en el pecho del abuelo. pero eso no vale, porque es que le estaba viendo ya así con su bañador.

estaba todo tan pacífico, mamá con su rasta, los abuelos sentados viendo el mar e intentando no mirar a la gente desnuda leyendo mucho un panfleto sobre casa manoli que les habían dado, papá bañándose solo en el agua con las olas, las gaviotas por ahí, yo con mi castillo de la arena…

entonces vimos a papá gritar como un poseso e intentar salir corriendo del agua. bueno, más que corriendo, chapoteando como si tuviera que saltar pepinillos gigantes. cuando salió, vimos que tenía toda la entrepierna roja como un tomate. al parecer, le había picado una medusa de las gordas. así que fuimos todos corriendo al puesto del socorrista.

el señor socorrista, cuando vio dónde le había picado la medusa, puso cara de profesional. o sea, que yo creo que se estaba partiendo pero quería disimular para que papá no se enterara. el caso es que el señor socorrista le dijo que se sentara en una silla y que abriera las piernas, papá le dijo que ni hablar, que él no era ninguna puta, y que nadie iba ahora a poner en entredicho su hombría. el socorrista le dijo que, vale, que entonces le estaba haciendo perder el tiempo y que ya se podía ir marchando.

cuando papá oyó eso, se lo debió de pensar dos veces, se sentó en la silla y abrió las piernas. así que el señor socorrista, que era muy amable, se puso los guantes, cogió las pinzas y, de cuclillas entre las piernas de papá, alargó las pinzas para quitar los restos de medusa. papá, en vez de estarse quietecito como dios manda (o eso dice la abuela, que dios manda cosas muy raras a veces), se levantó de un salto y empezó a decir que eso ya era pasarse, que eso era una mariconada en toda regla, y que ningún maricón salido y disfrazado de socorrista le iba a meter mano, que había que ser un poco rarito para trabajar en un sitio en el que hay que vigilar a tíos en bolas, y que pasarían por encima de su cadáver antes de que un tío le metiera mano a alguien tan macho como él, “¿o no, lourdes?, ¿o no soy yo macho?” (le preguntó a mi madre).

mi madre le contestó que se dejara de chorradas, que todo el mundo sabía ya que lo que era realmente es un tonto, que un macho de verdad no dudaría de su condición sexual sólo porque un socorrista intentara curarle la picadura de una medusa. así que eso le debió sentar como una patada en sus partes a mi padre, porque se sentó otra vez en la silla tan rápido como se había levantado.

el señor socorrista le miró, ya con una cara de enfadado por los restos, y le soltó que como se volviera a levantar de la silla, él no le volvía a atender. al final, papá se dejó hacer y el socorrista le curó. aunque papá ciertamente debía ser muy macho porque, aunque no se quejó, a veces le caía alguna lagrimita por la cara.

después estuvimos un rato en la playa y, al volver a casa, papá quedó eximido del “servicio familiar” y no llevó ningún trasto. es que ya parecía un poco payaso andando con las piernas abiertas, y a lo mejor cargando con una silla iba a quedar un poco raro.

eso le pasa por no hacer caso del telediario, que mira que se han tirado todo el verano diciendo que el mediterráneo está lleno de medusas.

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